Lo ha dicho mal, bastante mal (al fin y al cabo, es el Gabilondo de siempre): lo de que una mitad deshaga lo de la otra mitad es exactamente lo que te dirá la caverna mesetera, y además con toda la seguridad de que es irrebatible; pero lo que los hechos les rebaten demoledoramente, es que a los impostores que se hacen llamar derecha (o derecha gallita, o centro, o los que pretenden apropiarse de la constitución y se hacen llamar constitucionalistas, porque su nomadismo ya no les ha dejado otro terreno que oKupar, otra identidad que usurpar, y otro disfraz con el que intentar engañar a los más incautos), a todos esos no les importa ni una cosa ni la otra, les dan igual unos "valores" o los "otros", y todo eso, valores, disfraces, constituciones y construcciones, lo considerarán dañino para millones de españoles si no es algo que los coloque, a esos pocos miles, en el centro y, contrariamente, cuando constituyan un éxito, no puedan arrogárselo como propio.
Vamos, no es que haya una mitad que deshaga lo de la otra, sino que hay una mitad que reniega de lo que le enorgullecía como propio, y lo destruye si le llega a convenir: tienen más peligro que los comunistas porque a los comunistas ya los ves venir, conoces sus fijaciones y, lo que es mejor, acaban convirtiéndose a aquello que atacaban; pero los otros traicionarán y destruirán lo que sea mientras a ellos les sirva para estar en el centro o, al menos, aparentar que los coloca en él.
Solo hay que comprobar la historia de España década a década, al menos el último siglo y pico, y se comprueba cómo todas sus ilusiones, mentiras y engaños varios se acaban reduciendo a eso, y cómo los que más les apoyaban acaban odiándolos más que a aquellos a quienes temían al principio. Esto que acabo de decir, que en la mayoría de países describe al engaño de las revoluciones comunistas, en España, que siempre es el mundo al revés, se aplica a las revoluciones salvapatrias españolistas.