Sort of "semantic typo": it's SPANISH, not Catalan, the immensely more employed language in Barcelona.
No hay apenas hispanoamericanos en Barcelona dice usted, en comparación con Madrid:
por eso, en un municipio de de 1,7 millones de habitantes,
hay más de 28500 colombianos censados,
más de 20000 peruanos,
cerca de 18000 hondureños,
más de 17000 venezolanos,
unos 7000 ecuatorianos,
más de 14000 argentinos y,
de los más de 50000 italianos, una parte es argentina con nacionalidad italiana;
con la mitad de población del municipio de Madrid, la población hispana de Barcelona también anda en torno a la mitad del número empadronado en Madrid.
Que haya supremacistas catalanistas, y supremacistas españoles a quienes les molesta no ya la política educativa de inmersión lingüística en catalán, sino la presencia oficial del catalán en esta parte de la sociedad española,
no ha impedido que la lengua mayoritaria de uso cotidiano en Barcelona siga siendo el ESPAÑOL, reconocido con sorna por el propio españolismo, y con quejidos impotentes por el catalanismo,
y que a más de 100000 hispanoamericanos residentes en BCN por las oportunidades laborales y la acogida social que ofrece, no les importe que sus hijos aprendan castellano, catalán, inglés y lo que los flojos del supremacismo hispanista quieren disfrazar hoy como guerras culturales, montado sobre los mismos hechos y políticas que hace 25 años parecían no importarles en absoluto,
porque esos mismos cínicos que ladran contra la educación en catalán para apoyar con disfraces una determinada agenda política nacionalista, son los que se están callando, cuando hablan de este tema, que les molesta tanto o más que haya barrios de Barcelona o L'Hospitalet donde sólo se ven y oyen hispanoamericanos , y que los que hoy utilizan contra lo catalán serán sus próximos enemigos mañana, cuando encuentren el momento apropiado para acabar con 25 años de cobardes murmuraciones contra lo hispano, y pretendan volver a lo "puramente español y europeo".
Es más fácil que en Madrid miren mal, y algo peor, a un hispanoamericano por su aspecto, color de piel y acento, e incluso por ser más evangélico que católico, que le pase algo parecido en Barcelona por no hablar catalán.